Mini Biografía (o algo parecido)
Me llamo Vicente Lozano Quilis, aunque durante muchos años también he sido Anhatara Dei, que no es un heterónimo cualquiera, sino una forma elegante de decir: “no siempre escribo desde el mismo sitio”. A veces escribo desde la memoria, otras desde la ironía, otras desde la ternura, y casi siempre desde un lugar donde la realidad se mezcla con algo que no sé explicar del todo… pero que insiste en ser contado.
Nací con una sospecha temprana: que las historias estaban escondidas en los sitios más normales. En una calle cualquiera. En una casa que se cae. En una conversación a media voz. En una huerta cruzada por cañaverales. Y también en los miedos, en los silencios, en lo que no se dice.
Por eso escribo: para sacar a pasear lo invisible.
Escribí joven. Muy joven.
A los 21 años, cuando uno cree que ya lo sabe todo y en realidad no sabe casi nada, escribí una novela. La terminé el 26 de mayo de 1985. Después la guardé en un cajón. Y ahí se quedó… más de cuarenta años.
No porque no creyera en ella, sino porque la vida —esa señora sin agenda— se interpuso con trabajo, responsabilidades, proyectos, urgencias y alguna que otra cicatriz.
Un día abrí el cajón. Y la novela seguía ahí. Esperando.
Como esperan las cosas que son de verdad.
Mi literatura
No escribo para impresionar. Escribo para acompañar.
Mis libros suelen caminar por el realismo mágico cotidiano, por el misterio que no hace ruido, por la poesía que se cuela cuando nadie mira.
He construido pueblos imaginarios (Mandiso, por ejemplo) que acaban siendo más reales que muchos lugares del mapa. He escrito poemas largos, minúsculos, irónicos, tiernos, mágicos. He hablado del miedo —mucho—, pero siempre con una linterna de juguete en la mano, porque incluso en la oscuridad hay algo que alumbra.
Entre mis libros hay:
Poemarios que intentan espantar al miedo sin gritarle.
Mini poemas para días de lluvia triste (porque la tristeza también necesita paraguas).
Historias donde la infancia no es un recuerdo dulce, sino un territorio serio.
Novelas que se toman su tiempo, como antes, sin prisa y sin trucos.
También soy otra cosa (además de escritor)
He vivido muchas vidas dentro de la misma. He creado proyectos, empresas, ideas digitales, mundos paralelos donde la creatividad se mezcla con la técnica.
Diseño, SEO, webs, estructuras, estrategias… todo eso convive con mis poemas sin pelearse demasiado. Soy de los que creen que la imaginación también puede ser práctica y que la técnica, sin alma, es solo ruido.
Cómo escribo
Escribo despacio.
Reescribo mucho.
Dudo aún más.
No me interesa la literatura que presume. Me interesa la que se queda contigo cuando cierras el libro. La que te acompaña al apagar la luz. La que no hace espectáculo, pero deja poso.
En resumen
Soy un escritor que llegó pronto… y publicó tarde.
Un autor que no corre.
Un contador de historias que cree que la magia no está en lo fantástico, sino en mirar bien.
Y alguien que, pese a todo, sigue pensando que escribir es una forma humilde y maravillosa de decir: “estuve aquí, sentí esto, y quise compartirlo”.
Si he hecho bien mi trabajo, alguno de mis libros te estará esperando ahora mismo en tu propio cajón.
Y cuando lo abras, no hará ruido.
Pero algo se moverá dentro.